sábado, enero 09, 2010

En cien años por Carlos Elizondo Mayer-Serra

Es muy bonito celebrar centenarios y bicentenarios. La alegría da para fiestas, fuegos artificiales y quizás algún récord Guinness, donde somos altamente competitivos. Con suerte el dinero de los festejos incluso alcanza para alguna plaza o vialidad nueva, o por lo menos para comprarle una placa del bicentenario a algo ya programado. Sin embargo, andar festejando un aniversario más no sirve de mucho si olvidamos los problemas acumulados en estos dos siglos, muchos de los cuales, lejos de haberse resuelto, son hoy más apremiantes.

En lugar de ver hacia atrás pensemos en cómo nos verán en 100 años, si es que aún somos para entonces una entidad política independiente. Nada hay que dar por un hecho. Los países paralizados en sus problemas pueden terminar por disolverse de muchas formas.

En 100 años seguramente nos verán con desesperación e incomprensión. Tal y como hoy vemos los errores y horrores de los momentos más difíciles de nuestros dos siglos de vida independiente, donde por pleitos e incapacidades de nuestras élites dejamos que el país se rezagara e incluso perdiera la mitad de su territorio.

Probablemente la principal pregunta que se harán los críticos en 100 años es la razón de por qué tercamente insistíamos en ser un país único en tantas cosas, cuando el serlo no estaba dando buenos resultados. Cuando nos preguntamos por qué no crecemos y no logramos ampliar el bienestar de millones de mexicanos, en lugar de resolverlo con epítetos (neoliberal o populista son los dos más cómodos), pensemos en todo aquello que ningún otro país tiene y que nosotros insistimos en mantener.

Esto incluye, por citar algunas de nuestras particularidades más conspicuas, la no reelección consecutiva en ningún cargo de elección popular con lo cual no hay incentivos para pensar en el ciudadano que te elige, sino en quién te dará empleo en el futuro; el tener una sola empresa petrolera para explorar, producir, refinar, distribuir, con lo cual se vuelve un fardo imposible de administrar y, si no cumple con los objetivos planteados por el propio Pemex, como sucede cada año, no pasa nada; entidades federativas que no recaudan prácticamente nada, casi todo viene de los impuestos federales y del petróleo, aunque cada vez tienen más recursos con lo cual no hay presión para gastar mejor ni para dar información de cómo gastaron; un modelo electoral costoso y sobrerregulado con dosis crecientes de insatisfacción por las altas barreras de entrada que impone y por los muchos recursos que nos consume; sindicatos de trabajadores del sector púbico que no rinden cuentas a nadie y cuyos derechos son más importantes que los de los ciudadanos para los cuales supuestamente trabajan; la posibilidad de ampararse contra toda actividad del gobierno, siendo el más escandaloso el amparo fiscal.

Todas estas anomalías son únicas, aunque quizás encontremos que Corea del Norte es aún más cerrada que México en materia petrolera, pero dudo que sea un modelo a seguir. Todas están bien documentadas, cuánto cuestan y cómo cambiarlas.

Hay muchos otros temas donde no somos los únicos, pero donde el sentido común llevaría a organizarnos de distinta forma, como lo hacen la gran mayoría de los países. Por ejemplo, pocos optan por subsidiar la gasolina y otros petrolíferos (sí, a pesar de los pequeños aumentos recientes su precio está por debajo del precio internacional) o por no regular de forma alguna el cabildeo ni el conflicto de interés de los legisladores con lo cual los cabilderos tienen una gran influencia sobre algunos legisladores (sin mencionar los legisladores que son realmente cabilderos de algún interés).

No es difícil saber cuáles son las mejores prácticas en cualquiera de los temas anteriores, pero los intereses que ganan con estos arreglos han sido suficientemente poderosos como para bloquear el cambio, en algunos casos enredados en la bandera nacional. Nos rasgamos las vestiduras porque Brasil está creciendo más que nosotros, pero no hacemos lo obvio: ver qué hicieron bien, como en el caso de Petrobras, y copiarlos.

Sin embargo, el año apenas comienza. Seamos optimistas. Con algo de suerte en 100 años se preguntarán cómo le hizo finalmente, en el año del bicentenario, la clase política mexicana para hacer los cambios necesarios para dotarnos de una plataforma que nos permitió despegar. Basta con dejar de ser únicos en el mundo en tantas cosas.



Carlos Elizondo Mayer-Serra

6 comentarios:

Doctor X dijo...

Lamentablemente la clase politica prefiere hacer caso a compadrazgos y devolver favores o cualquier pretexto para poder enriquecerse. Claro siempre lo hacen a costa del pueblo, y lo peor es que las personas se dejan influenciar por semejante propaganda, ademas lo mas vergonzoso es que los politicos siempre simbran promesas y esperanzas para las personas más humildes y como siempre una vez que obtienen el voto se olvidan. y asi puenden pasar 10,200 o los años que quieran siempre será lo mismo. Que asco!!! ni modos estamos en el pais donde nunca pasa nada, donde si no tranzas no avanzas y en donde los politicos se enriquecen mientras que el pueblo empobrece.

la MaLquEridA dijo...

Tal vez debamos de hacer algo, y empezar a pensar en qué, antes de que como nación perezcamos bajo los zapatos de los políticos.

Lyna dijo...

Al pueblo mientras lo tengas entretenido con pan y vino o en su defecto con festejos por demas mediocres y sin sentido, seguirá "feliz" viviendo sin las aspiraiones de otros medios.

Por eso dicen que como México y mexicanos de pilón, no hay dos.

Un saludo enorme :)

Germán Diego dijo...

Doctor X

Si se puede carnalito este país tiene solución y parte de ella somos nosotros.

saludos.

Germán Diego dijo...

la MaLquEridA
Si asi es hay que hacer algo.

Saludos.

Germán Diego dijo...

Lyna
Si como México y como su gente no hay dos.

Saludos.